sábado, marzo 01, 2008

Sácale con las preguntas


Ya voy a tener un segundo bebé. Sin duda, la intención será tratar de orientarlos, primordialmente, para que sean personas de verdadero bien y contribución para la comunidad.

Este segundo nene o nena, aún no se que es, llegará en la tercera semana de mayo de 2007. Su hermanito mayor le llevará poco más de cuatro años y ya le espera con muchas expectativas. No ha mostrado el menor síntoma de celos, es un chico noble y a veces su inteligencia me sorprende. Como cuando me preguntó “¿de dónde viene todo lo que existe?” o “¿por qué el número uno es el primero?”

Mi reacción primaria fue: ¡eh! ¿Qué le respondo para que me entienda?” Opté por contestarle como adulto en ambos casos porque, en primer lugar, el respeto que le tengo a mi hijo no me permitiría darle un tratamiento ni condescendiente ni ingenuo, pese a la candidez de sus planteamientos.

En la primera pregunta (como no soy muy religioso) le dije: “pues verás… creemos que existe una fuerza y una inteligencia de la cual proviene todo lo que existe”. Sólo guardó silencio como si aceptara como válida mi respuesta, me parece que esencialmente no debió comprender lo que le dije y, benditos 4 años, de buena discusión me han librado. Todavía cree que lo que le digo es la neta.

En la segunda, que era más fácil: “ahhhh, pues el número uno, hijo, es el primero porque es un símbolo de lo que se llama unidad y que representa a una sola cosa de algo, como UUUUNA pelota, un camión (veníamos en el carro), una paleta…”. Y luego intercedió y asintió: “un papi, una mami”. “Exacto” le dije.

Oooooy, ya comienzan los aprietos.

miércoles, febrero 21, 2007

Ellos deben ser ellos

Cuando uno tiene hijos, existe la idea asumida y no confesa, para nosotros mismos, de que nuestros vástagos son una versión de nosotros mismos, corregida y aumentada. Y ahí es donde comienza a descomponerse nuestra relación con ellos. Nuestros hijos no tienen porqué llenar los hoyos de nuestras carencias, decepciones o frustraciones.

Ellos deben ser ellos y nada más.

Lo único que le voy a pedir a mi niño es que siempre haga lo que quiera, pero que persiga sus sueños con pasión y que se sienta satisfecho de sí mismo. Y si en un momento se da cuenta de que eso que perseguía no le llenó, no importa, para eso es la vida y el tiempo, para aprender a reconocernos a nosotros mismos.

Hoy lo veo, y creo que puede hacerlo todo: es listo, tiene caracter, seguridad, es muy fuerte y atlético, y le encanta la música.



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jueves, agosto 31, 2006

Feriusha

Estaba sólo durante el desayuno, sentado en la cafetería del Sanatorio Español, un día después de que él nació. No sabía qué demonios era lo que yo sentía, pero creo que se acercaba a la euforia, pero de una especie como suave.

Huevos con tocino, frijoles refritos, tortillas, café y pan dulce para acompañarme, además de un montón de recuerdos de mi vida y de mis seres queridos. Mis padres, mis dos hermanas, mis amigos y la amada madre de mi primogénito. Sólo trataba de entender por qué era tan feliz, pero no por la obviedad que representaba el simple alumbramiento, sino por su verdadero significado para mí.

Concentradamente, trataba de comprender porqué al tener a esa criaturita en mis brazos, aquel vacío existencial que, más que menos, siempre portaba, de pronto estaba completo: “¿Es una respuesta biológica natural..? Pues parece que sí –me respondía. Porque casi todos los que son padres se ponen contentos. Pero este sentimiento es demasiado fuerte.”

Así, me parecía que era una víctima de los clichés que nuestros padres se encargaron de sorrajarnos a manera de chantaje como cuando nos quieren explicar su situación sacrificada y comprometida más allá de la verdadera lección que nos quieren dar: “ya verás cuando seas padre”, “me entenderás lo que te digo cuando tengas a tus hijos…”, pero aún así, no podía dejar de percibir esa explosiva emoción que trataba de deducir en mis razonamientos de banqueta.

La respuesta estaba en el vacío ya cubierto. Entonces, ¿de dónde provenía esa fatuidad y por qué creía, pensaba o sentía yo que estaba solucionada?

Muy jóvenes, cuando nos descubrimos inertes ante el universo, nos atemorizamos y aún sin dejar de ser parte de ese cosmos, nos distinguimos de él. Desde ahí nuestra integridad humana se dispersa, de forma que buscamos reintegrarnos mediante muchos caminos, unos positivos y otros negativos.

Dentro de los positivos esta primero la nuestra familia, pero a veces ellos no nos comprenden y están ocupados tratando de lidiar con su propia vacuidad. Luego los amigos, pero no siempre están o no pueden estar, o simplemente desaparecen, van unos por un tiempo y luego llegan otros por otro tiempo.

Entonces viene lo etéreo, la búsqueda de lo superior, la religión. Pero ésta no siempre se ajusta a la naturaleza humana y parece más represiva que comprensiva y consoladora. Y luego, cuando veo de lo que la humanidad ha hecho y hace por religión, no. No es por ahí.

El amor también parecía ser una puerta y muchos pensadores, filósofos y profetas dicen que es la respuesta. Pero ¿y qué cuando te decepcionan? Por que lamentablemente el amor depende irremediablemente de la correspondencia, de la constancia, del trabajo diario. No es constante y puede derivar.

Entonces ¿qué es lo que nos da motivo de permanecer y continuar?

Al final, siempre me salió que nada, excepto la continuidad de la vida misma. La única razón por la cual aparentemente vale la pena pasar por este universo es dar continuidad a la vida, aunque sólo eso no me ayudaba personalmente a lidiar con el vacío.

Todo lo anterior lo llenaba en alguna medida, pero no completamente y no de forma perenne.

Al llegar este pequeño fue como un golpe de lucidez, me reintegré al universo fácil y, sin darme cuenta, ya estaba ahí.

¿Por qué?

Entendí que desde el momento que nació ese bebé, de mi sentía salir un lazo que a distancia se conectaba con ese otro ser. Yo era él y viceversa. Pero al mismo tiempo esa conexión daba con la continuidad de la vida que antes era ajena, ahora formaba parte de ella

Advertí, en efecto, que el mejor motivo para vivir es la vida misma, pero no porque simplemente estemos allí y ya. No porque somos un accidente curioso de la naturaleza, sino porque estamos ligados a ese proceso perpetuo y esa secuencia conlleva emociones fuertes, es decir, la vida no sólo implica la relación infinita de objetos con otros objetos que se reinventan… para nosotros está esa parte grácil e intangible que nos permite imaginar, sentir, creer, amar. Créeme, esto fue un gran descubrimiento para mí. A partir de entonces valoré la vida y deploré todo lo contrario a ella.

Hoy mi niño tiene dos años y medio, y cada día que pasa, la vida se torna mejor. A través de sus ojos vuelvo a vivir, mediante su risa vuelvo a reír, a ser inocente, transparente. Volver a jugar con juguetes, volver a divagar con la imaginación. Volver a tener esperanza.

Además, recordé a mi padre que tanto extraño, que, estoy seguro, habría sido feliz de ver, cargar y besar a su nieto. Ni modo, no siempre se puede todo.

Pero también recordé a mi madre, de todos los años y esfuerzos que nos dedicó, y de verdad, todos los días pienso en ella. Y todos los días la entiendo mejor. Por eso comprendí que esos clichés eran ciertos, mal usados, pero ciertos.

Ahora, mi vida pende de lo que él representa para mí como vínculo con este universo, en el que el gran reto es hacer de él un ser positivo para él y sus semejantes. Para el desarrollo armónico de la vida.

viernes, julio 07, 2006

El hijo del charro

Este es mi vástago y su prima.

lunes, marzo 06, 2006

Sangre futboler�sima

AHHHHH. maravilla de maravillas. Por fin un espacio para comentar las maravillas que hace Ronaldinho Gaucho cada fin de semana. Con la carnaliza que tanto se extrañaba.
Justo ahora tengo harta chamba, pero ya les mandaré mi lista dentro de pronto. Salu exos.

Yo hablo

Yo hablo de futbol, política y otras cosas